Decía Ortega y Gasset que "el hombre se dedica a esta extraña ocupación que es filosofar cuando por haber perdido las creencias tradicionales se encuentra perdido en su vida. Esa conciencia de ser perdimiento radical, de no saber a qué atenerse, es la ignorancia" y que "para que la filosofía surja es menester que el hombre haya vivido antes de otros modos que no son el filosófico. Adán no pudo ser filósofo o, por lo menos, sólo pudo serlo cuando es arrojado del Paraíso. El Paraíso es vivir en la creencia, estar en ella, y la filosofía presupone haber perdido ésta y haber caído en la duda universal. (...) La filosofía sólo puede brotar cuando han acontecido estos dos hechos: que el hombre ha perdido una fe tradicional y ha ganado una nueva fe en un nuevo poder de que se descubre poseedor: el poder de los conceptos o razón. La filosofía es duda hacia todo lo tradicional; pero, a la vez, confianza en una vía novísima que ante sí encuentra franca el hombre." Y en estos conceptos, como en tantos otros relativos a la presencia clásica entre nosotros, Ortega tenía razón.
En efecto, durante siglos, el hombre griego vivió aferrado a las creencias que se plasmaban en el mito y que, para él, como para tantos otros pueblos del mundo antiguo, hacían del caos vivencial y material un cosmos, en el que cada estructura, acto, creencia o forma de asumir el mundo encontraba su anclaje en el ámbito heredado e incomprobable e indemostrable del mito, como Adán en el Paraíso. Cuando se pone en tela de juicio ese relato tradicional heredado, intemporal, protagonizado por seres por encima de los ordinario, nace la filosofía.
En la Antigua Grecia, hombres osados y curiosos, profundamente innovadores, con frecuencia aislados socialmente, se muestran renuentes a aceptar la sabiduría socialmente admitida: allá donde el mito exige fe, ellos exigen demostración y, en consecuencia, aceptación por la razón; allá donde el cosmos aparece como producto de agentes personales por encima de lo ordinario, de existencia presunta pero no comprobable, ellos lo sustituyen por "principios", "elementos" o causas naturales, cuya interrelación hace comprensible nuestro cosmos; allá donde el mito, por su valor paradigmático, explica lo actual y cotidiano, estos hombres realizan la inversión, de forma que los acontecimientos primitivos, las fuerzas que produjeron el cosmos, se conciben a imagen de los hechos que se observan actualmente y tienen una explicación análoga. No es lo original lo que ilumina y transfigura lo cotidiano; es lo cotidiano lo que hace inteligible lo original, ofreciendo modelos para comprender cómo se formó y ordenó el mundo. Es la inversión del mundo mítico.
Así, podemos decir que la filosofía nace de la actividad intelectual provocada por la problematización del mito y consiste, inicialmente, en el intento de ofrecer una explicación basada en la razón, plasmado en un relato explicativo que puede ofrecer demostración mediante argumentos lógicos. Sin embargo, el mito estará presente en todas y en cada una de las escuelas filosóficas, el "milagro" griego nunca pudo abandonarlo. Hasta cierto punto, la historia de la cultura griega es la historia de sus actitudes ante el mito o, en palabras de W. Jaeger, "debemos considerar la historia de la filosofía griega como el proceso de progresiva racionalización de la concepción religiosa del mundo implícita en los mitos"
En ocasiones, durante esta primera fase de la filosofía griega, más que ofrecerse una explicación no vislumbrada por el mito, nos encontraremos a veces con un re-decir lo anterior. Con otro lenguaje, cambiando los agentes personales sagrados por principios, causas o elementos cotidianos, constatables y operantes en el mundo de los sentidos, encontramos muchas veces que se trata de un re-decir racional, físico y ontológico, de las cosmologías y teogonías míticas, lo cual indudablemente es no pequeña diferencia.
Aristóteles consideraba que había chispas de verdad en los mitos narrados por los poetas-sabios. Los consideraba como "primeros teólogos", en el sentido de que habían expuesto doctrinas sobre los dioses míticamente y establecía paralelos esclarecedores entre ellos y los filósofos naturales. Los teólogos representarían la primera etapa del pensamiento humano prefilosófico y reconocía que el hombre amante de los mitos, el philómythos, es, en cierta medida, un philósophos, un "amante de la sabiduría", y ello será una tendencia que se mantendrá a lo largo de todo el mundo antiguo.
Interesante ciclo de 11 documentales: "Dioses De La Mitología Griega"
Lamentablemente, en la ESO no se estudia mitología, ni tampoco en el Bachillerato, y la Filosofía se da de pasada; y así nos va. La mitología es útil, por no decir esencial, para entender la pintura, la música, la literatura... y para conocer al hombre, también al de hoy, que es el mismo en lo esencial que en época de Homero. Ante los miedos del hombre, ante sus pasiones, sus debilidades y fortalezas, los mitos son respuestas. O pueden serlo. Pero parece que nuestro sistema educativo, o quienes lo diseñan, difieren de esa visión. O que, confundiendo igualdad de derechos para todas las personas con ser todos iguales, prefieren hacer como el bandido Procusto, allá por los montes de Tesalia, cuando Zeus imperaba en el Olimpo y Afrodita engrosaba su lista de amantes, cuando a todo viajero que apresaba, tras robarle, lo tumbaba en su mesa, que tenía unas determinadas dimensiones y, si al pobre hombre los pies le colgaban de la mesa, se los cortaba; o si las piernas se quedaban cortas, las alargaba estirando y descoyuntando miembros. De esta forma, Procusto obtuvo la igualdad entre todos sus benefactores. Algo parecido hace el sistema educativo: con un rasero hecho a la baja es más fácil hacer ser a todos iguales, de idiotas e idiotos, haciendo uso del dislate semántico que lo representa. Por otro lado, quién se cree que todos tengamos los mismos derechos -como debería ser- viendo lo que se ve todos los días. La Ley no es igual de dura si juzga a un pobre hombre que si juzga, suponiendo que llegue a juicio, a un político. Políticos que confunden ley con urnas, como el que desconociendo la ética, cree tener bula para hacer y deshacer a su gusto con el dinero de todos. Por no hablar de la politización de jueces y magistrados; o de las presiones, las amistades, los favores, etc.,que entre los que legislan y los que disponen del poder ejecutivo se da. O eso parece en algunos casos.
No sé si a Manu Sánchez, humorista de Dos Hermanas (Sevilla) que conduce el programa "Colga2 con Manu" de Canal Sur 2, aquella cita que dice "si eres sospechoso de una falta que tus jueces hayan podido cometer, tú eres un hombre perdido" le recuerda como a mi a Groucho Marx. Al pesimismo -"Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Si responde sí, ya sabemos que es un corrupto"- al cinismo -"Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros" -y jactancia destornillante -"Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo"- de sus célebres frases. El humorista sevillano en 25 minutos repartidos en 3 capítulos, nos habla de la mitología griega (o el porqué se licenció en Periodismo y no en Cultura Clásica). Desde su conocimiento siempre, con la mitología griega podemos hacer de todo. Como no, reírse con ella. Particularmente, pienso que el día peor empleado es aquel en que no me he reído. En fin, sin demérito del ingenioso monologuista, y sin querer tampoco establecer prejuicios con ello, no sé porqué acude a mi cabeza de nuevo Frenchy, cuando decía "La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien la enciende voy a la biblioteca y me leo un buen libro".
Agamenón y su hija Ifigenia, Prometeo y el mito de Pandora -y Apolo-, en versión catódico-pública...
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